El cine no es algo que solo los adultos puedan hacer. En todo el mundo existen experiencias muy interesantes de cine hecho por niños y niñas. El lenguaje audiovisual, como todos los lenguajes, requiere de algunas destrezas y habilidades que se desarrollan con la práctica. Por eso es importante aprender haciendo. La linda experiencia de César Bona, maestro español nominado al Global Teacher Prize, es un valioso ejemplo.

Durante la crisis económica del 2009, Bona trabajaba con un grupo de niños y niñas entre 4 y 12 años. Para darle sentido a la crisis, hizo un paralelismo con la crisis económica de 1919. En ese proceso descubrieron el cine mudo y la idea fascinó a lxs niñxs. Investigaron en periódicos, vieron películas de Chaplin y Buster Keaton, escucharon música de la época y aprendieron sobre la vestimenta de los años 20’ y 30’. En el camino hicieron un fuerte trabajo sobre la empatía, ya que tendrían que representar las vivencias y emociones de otras personas, ¡personas que vivieron hace casi cien años!

¿El resultado? La película “La importancia de llamarse Applewhite”, fue premiada por el Ministerio de Educación español, por la creatividad del proyecto educativo. Al entrar en un fuerte compromiso con el proyecto, lxs niñxs se plegaron a hacer una investigación extensa y profunda. Aprendieron a escribir guiones, adquirieron conocimientos sobre sonido y sonorización de películas y sobre imagen, grabación y encuadre. Realizaron castings, scoutings, rodajes y edición. Todo de la mano de un maestro convencido en una nueva educación, donde lxs niñxs, al igual que en la película, son lxs verdaderxs protagonistas.

Detalle del afiche de «La importancia de llamarse Applewhite» de Cesar Bona