La filosofía es el arte del pensamiento y es la madre de las ciencias naturales y humanas. También es una característica al género humano, que diferencia al género humano del resto de especies animales. A pesar de ser una disciplina muy antigua, tiene la desdichada fama de ser difícil e incluso inútil. Sin embargo, puede traer muchos beneficios, sobre todo en la infancia. En esta etapa nuestra capacidad de aprender está al máximo. Es importante que lxs niñxs tengan una práctica filosófica a lo largo de toda su vida, empezando ahora. Esta disciplina es la consideración, cuestionamiento y búsqueda de conocimiento sobre todo aquello que nos rodea y sobre nuestra propia existencia.

La filosofía nos da las pautas para preguntarnos sobre el mundo, sobre nuestra naturaleza humana y sobre la relación entre ambas. Es por eso que Platón, filosofando sobre la materia que nos componía y sobre las medidas de la unidad mínima materia, “accidentalmente” inauguró las matemáticas. La filosofía está en la naturaleza humana, pues viene de la actitud curiosa que tenemos todas las personas. Si miramos con atención, desde muy pequeñxs lxs niñxs preguntan sobre todo lo que ven y cuestionan todo lo que lxs mayores tienen por verdad. Lastimosamente, esa cualidad no se cultiva en el proceso educativo y con el tiempo dejamos de preguntarnos sobre el mundo que y su funcionamiento.

No obstante, en la actualidad y tanto para adultxs como para niñxs, la filosofía es de gran utilidad. Una de sus ventajas está en el pensamiento crítico. Este nos permite cuestionar la información que tenemos a nuestro alcance, cotejando lo que observamos con nuestras experiencias previas, otra información pertinente y también con nuestras consideraciones éticas. De ese modo, al analizar lo que la vida nos pone al frente: lo que nos dicen nuestros amigxs, lo que recibimos por los medios de comunicación, lo que nos dicen los políticos, etc. Así, por ejemplo, no creeremos ciegamente en publicidades engañosas.

Antes de comprarnos cualquier idea haremos varias preguntas y razonamientos. Mientras más temprano adquiramos el hábito de cuestionarlo todo, mejor lo desarrollaremos y seremos personas más críticas y más felices. Esto se debe a que también podremos reflexionar sobre problemas de nuestra vida, como el amor, la familia, la libertad, etc. Como dice Jordi Nomen, autor de “El niño filósofo”-, nos permitirá “mirar a los ojos a la vida”. Por ser nativa de la infancia, por su naturaleza cuestionadora, su capacidad para liberarnos de falsas creencias, por el poder que nos da de definir el mundo de manera objetiva, y a la vez, en nuestros propios términos, es importante hacer filosofía desde niñxs.